Ramón Font Bernard corifeo del tirano alimana se suma el pedido de los dinosaurios Gómez Bergés y Gómez Casasnova de dar marcha atrás a la justa sanción que le impuso la UASD a Joaquín Balaguer

 

Ramón Font Bernard viene ahora a tratar de aportar el suplemento a la infame y fracasada pretensión de Gómez Berges y su hijo, Gómez Casasnova, ejemplos vivos de la validez del adagio popular de que “de tal palo tal astilla”, solicitando que la UASD diera marcha atrás a la sanción por medio de la cual, reivindicando la dignidad humana y nacional, así como de la ciencia, la cultura y la moral, mediante un acto ejemplarizador se expulsó de por vida y aún después, en el año 1962, de ese, el más alto  y viejo centro de estudios universitarios, el único de carácter estatal y público del país, al tirano alimaña Joaquín Balaguer, por ser co-responsable, cómplice y protagonista de primer orden de todos los crímenes y asesinatos del dictador Rafael Leonidas Trujillo Molina durante 31 continuos años y sus afanes, bien pronto demostrados, de proseguir en la misma línea.

Ramón Font Bernard, miembro vitalicio del clan de los anillos palaciegos o corifeos del tirano alimaña Joaquín Balaguer, función que desempeñó durante una gran parte del largo tiempo que a éste le llevó tejer su  trayectoria de infamias y canalladas desde el Golpe de Estado de Estrella Ureña y el dictador Trujillo a Horacio Vásquez, en el 1930, recurre al ardid, propio de los sacerdotes de la hechicería histórica idealista, de disolver los hechos concretos y las condiciones históricas, económico-sociales y políticas concretas que ubican y definen los intereses espurios y bastardos a los que toda su vida sirviera el tirano alimaña Joaquín Balaguer, que es por los que hay que juzgarlo. Font Bernard intenta así, con su jugarreta, presentar al tirano alimaña como un ente abstracto o un espíritu errante ente las nubes, sólo preocupado filosóficamente por los más enconados problemas de la metafísica y la filosofía platónica (decimos esto sólo para ilustrar lo alejado que Font Bernard ubica al tirano alimaña de su real actividad en este mundo de pus del que él fuera arquitecto y maestro constructor con sus huestes de mecánicos de la muerte y el terror, y sus carpinteros de la perfidia y las torturas).

Lo de Font Bernard no es una patraña aislada, sino es el oficio permanente de toda una serie de personajes, entre los que bien cabe identificar a Federico Henríquez  Gratereaux, que parasitan  medrando alrededor de la sombra del Poder y de los poderosos sólo para especializarse en atribuirles grandeza de alma y elevación espiritual a esos hombres alimañas que, movidos por sus aberraciones, sus mezquindades, sus bastardos apetitos y sus bajas pasiones, son en nuestra historia patria los más connotados protagonistas de las más grandes acciones criminales contra la nación-pueblo y responsables personales y directos del fomento deliberado de las miserias y debilidades del dominicano.

Un rasgo típico de estos cínicos apologistas, común a todos ellos sin excepción, es que al mismo tiempo que se desparraman en obsequiosas celebraciones de las perfidias de aquellos canallas, son intransigentes y jueces implacables para despotricar y verter calumnias y desprecio sobre el pueblo; así, no pierden oportunidad y si no la tienen se la inventan para destilar vileza hacia el pueblo, de cuya secular opresión y explotación han vivido ellos, al igual que todos los de su recua social.

La complicidad de Ramón Font Bernard con el tirano alimaña Joaquín Balaguer es tan cínica que, según él, la autoconfesión del tirano alimaña de ser un mediocre “cortesano” de la dictadura de Trujillo le exime de mayores culpas y responsabilidades, hasta el punto de reducir sus actividades, las del tirano alimaña Joaquín Balaguer al lado del sangriento dictador, a la oratoria, y que sólo como tal alcanzó el sitial de “uno de los más sobresalientes apologistas del trujillismo”.

 Es claro que Font Bernard como los de su laya no hacen historia, sino burdas distorsiones apologéticas de la actividad perversa de los infames.

Para Font Bernard, Balaguer no fue copartícipe, co-responsable ni protagonista de las conspiraciones instigadas por el imperialismo norteamericano para el Golpe de Estado del Movimiento del 23 de febrero.

Para Font Bernard elaborar una biografía del personaje éste que fuera el tirano alimaña, hay que procurar desligarlo de las persecuciones y crímenes cometidos desde el primer día de la dictadura de Trujillo contra todo vestigio de libertades públicas y derechos humanos, desligarlo de los asesinatos, desligarlo de los crímenes contra la ciudadanía no trujillista, lo mismo que de la matanza de los 35,000 haitianos, frente al que ocupó cargos diplomáticos y concurrió al exterior sólo para asumir su justificación y defensa; y tanto se empeña Font Bernard en desligar al tirano alimaña Joaquín Balaguer de los hechos concretos y acontecimientos que estructuran la realidad, que ya ni siquiera lo llama por su nombre, ya no es una persona con nombre y apellidos, sino un ente abstracto, un Ariel, es un ser impersonal, es casi su dios, es un pronombre -como dice Font Bernard- es él.

Si se pasa revista, se encontrará una identidad total entre la actitud a que recurre para hacer anti-historia, no historia, Font Bernard, y la que ha asumido como línea oficial el prostíbulo llamado Secretaría de Estado de Cultura, con sus sidosos espirituales Tony Raful, Andrés L. Mateo, Veloz Maggiolo, Giovanny Cruz y demás que, aportando su contribución a la tarea que ahora asume Font Bernard con Balaguer, desde aquella cueva pestilente esos tránsfugas de todas las causas se atrevieron a decir que cuando Pedro Henríquez Ureña y su hermano colaboraban con la dictadura de Trujillo, ésta todavía no había puesto en ejercicio sus conocidas prácticas criminales, esto es ya de lleno en la década del 30 al 40. Y que por ello y por ser dos insignes e ilustrados dominicanos, nada de eso cuenta.

Como es obligado para efectuar tales infamias, gentes como Font Bernard o Federico Henríquez y Gratereaux, lo primero que hacen es desaparecer la realidad, la realidad concreta y la realidad histórica, apelando a los galimatías o argucias de sus ídolos de la intelectualidad pequeño-burguesa europea y preferiblemente española, o del Norte de Africa, como son Ortega y Gasset y el escolástico Julián María, se refugian en basuras individualistas, como la de “el hombre y sus circunstancias”, con la que Ortega y Gasset justificaría su colaboración con el nazi-falangismo y el Opus Dei en España.

Recuérdese que a ese sofisma barato de eunucos intelectuales apeló Leonel Fernández para lanzarse a nadar en el estercolero del que aún hoy no ha podido salir y que nadie cree que le interesa salir ni saldrá jamás.

El hombre abstracto de los precursores de la ideología burguesa está omnipresente en todo lo de Font Bernard y de su recua.

Ese hombre abstracto, el hombre, es un hombre inexistente, irreal, puesto que en la sociedad capitalista o en las áreas sometidas al dominio imperialista, y aún en la misma sociedad feudal como en la esclavista, no ha habido hombres por encima de las clases. Y este él de Font Bernard no existió. El que existió y del que tendría que hablar es del lacayo servil, carente de hombría, carente de humanidad, perverso, siniestro, canalla, vil; en una palabra, la alimaña.

Desde que Marx y Engels elaboraron su “Ludwig Feuerbach” para ajustar cuentas con las viejas ideologías y escuelas filosóficas alemanas, ha quedado refutado con alcances universales el embrollo inasible y usado sólo para justificar las aberraciones, como por ejemplo las de Enriquillo Sánchez, de: “el hombre y sus circunstancias”.

El ser determina el pensamiento, el ser social determina la conciencia social y al ser individual. Y la conciencia social determina la conciencia individual.

Nadie se ha topado jamás con ese Ariel, ese hombre abstracto. Esto es un vulgar pretexto, como se confirma en las elucubraciones de Font Bernard en torno a Balaguer.

Para ensalzar y pretender justificar al tirano alimaña, sus apologistas tienen que recurrir a múltiples y sucesivas artimañas, tanto así que bien cabría hablar de una cadena de artimañas entrelazadas sistemáticamente una con la otra.

Así habla Font Bernard de una supuesta “restauración democrática” que el tirano alimaña inició bajo los designios supersticiosos e individualistas de las llamadas circunstancias, verdaderas coartadas para la justificación de todo tipo de acciones depravadas, amparadas sólo en la hegemonía de las bajas pasiones y el desenfreno de los impulsos más bastardos.

Mañana continuaremos.

 

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