DIOGENES CESPEDES EN SU CATADURA DE RENEGADO TRAIDOR  VENDIDO A LA REACCION

No puede ocultar, ante tantos hechos y situaciones reales de la historia, que la Iglesia Católica es la responsable absoluta de la debacle que constituye la educación en este país

 

Entre los dos Diógenes resulta difícil establecer en general cuál de los dos es más agente de los círculos de Poder y sirviente amaestrado en la sumisión en su servilismo seudo-ilustrado hacia la burguesía parasitaria, el imperialismo norteamericano y ante todos los verdugos y subyugadores del pueblo, como ante la Iglesia Católica.

Pero con los infames retorcimientos históricos realizados por Diógenes Céspedes, incurriendo en un descarado e ignominioso falseamiento de hechos y situaciones históricas y sociales que poseen tanto acta de nacimiento como acta de defunción (por lo que no pueden ser ignorados por ningún adocenado canalla), escritos estos actos en papel blanco con tinta hecha de la sangre derramada por el pueblo-país, como consecuencia, acarreados por esos hechos y esas situaciones históricas, lo que hace que el venal Diógenes Céspedes no sólo reafirme su podrida condición de agente oportunista-revisionista de nacimiento y no de formación, sino además la del canalla que, ante su cobardía, que lo ha hecho vivir siempre arrastrándose en una vil trayectoria de serpiente venenosa, trate (para demostrarle a los amos que le premian su ignominia que su inversión en él no es en vano), de arremeter en contra del movimiento y sus contemporáneos que no vacilaron ni se convirtieron en damiselas amaneradas de las clases parasitarias y anti-nacionales como él cuyo cometido era continuar con el trujillismo sin Trujillo, sino que se atrevieron a asumir el llamado de las demandas imperecederas de los tiempos de libertad, igualdad y dignidad nacional, por el logro de una auténtica independencia, y a la vez que busca denigrar a los que, por contraste con este Diógenes Céspedes, viven para resaltar que desde su juventud y adolescencia ya era un hombre babosa, sin savia ni sustancia, sino un vulgar y adocenado filisteo o tripa vacía que devenía en pordiosero político con alma de rastrero, que es lo que explica, por una parte, el que las gentes iguales a él le hayan otorgado un llamado Premio Nacional de Literatura, así como atendiendo a la fuente financiera del citado premio en metálico, que no es otro que el empresario opusdeista y franquista de la Iglesia Católica-Vaticano, español por demás, Pepín Corripio y comparsa, se explica la desfachatez y la depravación que, como un prostituto de la intelectualidad, exhibe impúdicamente Diógenes Céspedes al momento de expresar su agradecimiento y gratitud por el regalo de sus amos, consagrándose como miserable mercenario que desde su adolescencia vendió su alma al mejor postor.

Diógenes Céspedes culpó del deterioro de la educación en el país a la sacada del hostosianismo de las escuelas, pero deliberadamente calló, con silencio de lacayo diplomado, quiénes establecieron y diligenciaron, así como la forma en que lo hicieron, ese destierro de una enseñanza que, como la hostosiana, más o menos avanzada en el siglo XIX, pero que cuestionada en forma y por intereses reaccionarios y oscurantistas por la Iglesia Católica y el cristianismo, lo era también, desde muchos otros ángulos y con sobrada razón, sobre todo por quienes avizoraban un horizonte de perspectivas, en efecto, más amplias, y en especial de mayor contenido social progresivo que las del hostosianismo.

Y así, Diógenes Céspedes, en forma irresponsable, calló que tal regresionismo, que trajo por consecuencia un doloroso retroceso educativo en el país y del que, las primeras perjudicadas fueron las masas trabajadoras urbanas y rurales, fue obra del dictador Rafael Leonidas Trujillo Molina, que accedió, acorde con su espuria naturaleza de aborrecible aberración, a establecer, en manos de la Iglesia Católica-Vaticano la conducción y la orientación, así como la administración de la educación dominicana, en lugar de la endeble educación hostosiana, cuyos exponentes, acordes con sus raíces positivistas en el terreno social y político, eran francamente inconsecuentes, vacilantes, reaccionarios y elitistas consumados, proclives al mercenarismo, al lacayismo y al despotismo, igual, tanto o más que el dictador Trujillo y su legión de hienas alineadas con el catolicismo y el anticomunismo.

Basta y sobra mencionar que fue una figura emblemática del positivismo mexicano quien concurre al país, como mercenario de la pluma, para escribir “Meditaciones Morales”, publicada dicha obra como autoría de “La Españolita”, mujer del dictador. Nos referimos a José Vasconcelos.

La sacada del hostosianismo de la educación pública del país se instituye y consuma en 1954 con la firma del Concordato entre el dictador Trujillo y el Papa Pío XII, el Papa de Mussolini, de Hitler y Francisco Franco.

Por ello, el verdadero significado de la tergiversación revisionista de carácter histórico que, en su miserable condición de apologista de la Iglesia Católica y el Concordato lleva a cabo Diógenes Céspedes con el eufemismo, sin fecha, de: “sacaron el hostosianismo de las escuelas”, queda puesto de realce cuando un gran infame, de la peor y más ladina naturaleza, como lo es Cuchito Alvarez “Pina” (Dugan) le hace coro, como todo un Opus Dei y agente de la Iglesia Católica (como lo fue de la dictadura de Trujillo y del SIM, igual que su padre, el morfinómano y maipiolo del dictador Trujillo, Cucho Alvarez).

Así, afirma Cuchito Alvarez Pina (Dugan), apenas 3 días después de los adefesios tergiversadores y ocultadores de la verdad histórica (avalada dicha verdad histórica con hechos y fechas), de Diógenes Céspedes que: “Duro y curvero bajó Diógenes Céspedes al enjuiciar el sistema educativo nacional. Y sacará muchas ronchas”. Y Cuchito Alvarez, hipócrita taimado de la misma estirpe asqueante que su padre, trata de hacer recaer la responsabilidad de sacar el hostosianismo de las escuelas (dudándose que estuviera al frente de la educación nacional alguna vez) al tirano alimaña Joaquín Balaguer, usándolo como chivo expiatorio tanto para ocultar y proteger a la Iglesia Católica-Vaticano como para darle riendas sueltas a los resentimientos que contra él -Balaguer- guardan los trujillistas ortodoxos que, como Benjamín Uribe, nunca dejan de acusar a Balaguer como el gran conspirador contra Trujillo, pero ocultando a quién servía Balaguer con ello, que era exactamente a la Iglesia Católica, que ya tenía en sus manos el acta de testamento que Trujillo le otorgaba en forma de soborno, a cambio de apoyo e impunidad, así como de respaldo, y que requería cuanto antes la desaparición del firmante del testamento, cuya primera parte fue el Concordato de 1954 y la segunda parte el Vicariato Castrense y el Patronato Nacional San Rafael en 1958.

Están claras y palpables las formas viles que el rufián adocenado y sirviente amaestrado de los verdugos del pueblo y del país, Diógenes Céspedes, emplea para ocultar su vergonzoso como rastrero servicio a la Iglesia Católica-Vaticano, que fueron los que precisamente, diligenciaron y efectuaron (en maridaje con la dictadura), el exilio, destierro o sacada del hostosianismo positivista e inconsecuente socialmente, de la escuela dominicana, para su exclusivo beneficio, lo cual perdura hasta el día de hoy, y de lo que, estando de por medio y como base de sustento de ello el Concordato, el Vicariato Castrense y el Patronato Nacional San Rafael (todos actos históricos cuyos protagonistas y firmantes fueron Rafael Leonidas Trujillo Molina y el Papa de Hitler, Pío XII, en 1954 el primero y en 1958 los dos últimos), nadie puede ignorar que en el primero se establece, como un acuerdo primordial de dicho Concordato, que la educación pública del Estado dominicano pasa a estar regida por la Iglesia Católica y que la correspondiente Secretaría, hasta el día de hoy, es coto cerrado de la Iglesia Católica-Vaticano.

La labor del tirano alimaña Joaquín Balaguer en ese entonces se concretizó en ser de los abanderados, en complicidad con la Iglesia Católica -igual que el morfinómano y maipiolo Cucho Alvarez-, de pasarle de contrabando al dictador que la salvación de su régimen, de sus bienes, hijos y la continuidad en el Poder, consistía en otorgarle a la Iglesia Católica-Vaticano los beneficios de un Concordato, que era una aspiración de la Iglesia Católica-Papado, ya Vaticano, nunca satisfecha por gobierno alguno de la República Dominicana desde el año 1844, y que era perennemente que la Iglesia Católica añoraba obtener el Concordato, lo cual queda expuesto en el testimonio que al respecto establece monseñor Eduardo Ross en el 1958-59, al resaltar que aunque el modelo del Concordato es el mismo que el de Franco y la Iglesia Católica, el firmado por Trujillo y el Papa católico Pío XII, es 100 veces más generoso con la Iglesia Católica y el Vaticano que el español establecido un año antes, o sea, en el 1953, entre el mismo Papa Pío XII y el criminal genocida dictador Francisco Franco de España.

Y todos esos, que son hechos y acontecimientos históricos, no son las vacuencias de una sabandija rastrera de la calaña de Diógenes Céspedes, en complicidad con el hijo de su padre, morfinómano y maipiolo del dictador, las que los podrán borrar ni impunemente tergiversar en forma alegre y chabacana.

Ahora bien, no sólo en estos aspectos históricos que hemos mencionado, cuyo balance lo determinan evidencias concluyentes y aplastantes en contra de las gentuzas como Diógenes Céspedes, se destaca la naturaleza consumada de infame y servil sirviente de Diógenes Céspedes, sino que esa condición podrida que ostenta y que se cimbrea en su conducta de tránsfuga en la que la genuflexión y servicio a los verdugos del pueblo y el país como a sus explotadores y opresores, resulta sencillamente nauseabunda y repulsiva como asquerosa, la cual prosigue reafirmando el adocenado y venal Diógenes Céspedes cuando pretende ofrecer una mirada crítica retrospectiva a la situación y al papel, que le cupo desempeñar (y sus repercusiones en las áreas de la educación nacional), al joven movimiento revolucionario y democrático dominicano, y particularmente estudiantil, tras la caída de la dictadura de Trujillo y ante el empeño obcecado y recalcitrante de la Iglesia Católica-Vaticano y el imperialismo norteamericano de tratar de imponer, a como diera lugar y por los medios más encarnizados, sus torpes ambiciones retrógradas.

Sólo la pusilanimidad de un hombre babosa, ruin, nauseabundo, cobarde y vil, como Diógenes Céspedes, cuya naturaleza es la de sabandija traidora y colaborador con los centros de propaganda del imperialismo y la reacción oscurantista que encarna la Iglesia Católica-Vaticano, puede responsabilizar a los empujes juveniles de un movimiento democrático y revolucionario que reivindica la democracia y la libertad, como la soberanía nacional y el respeto a la autodeterminación del pueblo (todo lo que aún está pendiente y por ser logrado), de la crisis, estancamiento, y eventual bancarrota y quiebra de un sistema educativo obsoleto y oscurantista, sustentado en el espurio interés común del imperialismo capitalista y el oscurantismo parasitario de la maldita Iglesia Católica-Vaticano.

Pero de la naturaleza del corazón habla la boca, y el que mucho habla (sobre todo cuando de por medio está ausente la convicción y sólo predominan las miserias del miserable mercenarismo), yerra mucho. Y resulta que ni la incidencia del movimiento estudiantil progresista, revolucionario y socialista, y mucho menos las organizaciones gremiales o sindicales de los profesores, han obrado en forma decisiva sobre la dirección, rumbo, orientación y administración de la educación nacional.

Así como debe saberse que no sólo emergió un movimiento estudiantil revolucionario, que demandaba democratización y diversificación de la ciencia así como la libertad en la educación, sino que la Iglesia Católica, a la cabeza de las fuerzas retrógradas y reaccionarias (en colusión y acuerdo con los EE.UU., su Embajada y demás), organizó, adiestró y lanzó, como reacción, todo un movimiento estudiantil al servicio de sus espurios intereses. Y que de estos movimientos formaban parte la Juventud Social Cristiana y la JRD. La primera, adiestrada por curas jesuita falangistas franquistas, como los jesuitas padre Arango y el mismo Arnaiz, actual obispo auxiliar del Cardenal; y los de la JRD eran todavía más recalcitrantes, puesto que eran adiestrados en la Escuela Anticomunista de Costa Rica, financiada por la CIA, que habían fundado el contratista de  la CIA y agente suyo Sacha Volman y Juan Emilio Bosch Gaviño, colocado a su cabeza por la CIA como su director.

De la juventud socialcristiana, sus cabecillas, eran recalcitrantes jóvenes hijos de españoles franquistas, como González Cano, o que descendían de bastardos generados por sacerdotes en franca traición al celibato, como Bernardo Defilló, y de familias de células opusdeístas como José Joaquín Puello. Bien pronto el pueblo los conoció como social-pistolas.

Dentro del magisterio público no fue sino después de la Guerra de Abril y de la intervención norteamericana cuando logró cuajar, en forma precaria y con un claro matiz no revolucionario sino anarcosindicalista, la Asociación Dominicana de Profesores (ADP) y otros gremios, escenario de serias y profundas contradicciones entre los profesores socialcristianos, de un lado y los progresistas, del otro lado.

Pero debe señalársele a ese rufián y vil mercenario, que es nombrado como Diógenes Céspedes, que el profesorado, como masa o conjunto de personas dedicadas a impartir la docencia, en general, salvo contadas excepciones, eran y son, en su casi totalidad, formados y adiestrados como seguidores de la Iglesia Católica y sus basuras oscurantistas, razón por la cual es oscurantismo religioso y embrutecimiento lo que se imparte y ha impartido en el país desde el momento en que la Iglesia Católica se adueñó, vía el Concordato, hasta el día de hoy, de la enseñanza nacional.

El tema y las infames disquisiciones, de carácter francamente de agente neoliberal del gentuza revisionista Diógenes Céspedes no se pueden concluir aquí, son asuntos de los que aún faltan por elucidar muchas vertientes que recogen hechos y situaciones que aportan una riquísima experiencia y que sirven para demostrar que la bancarrota, quiebra y crisis de la llamada educación nacional, que nunca ha sido educación (sino amaestramiento, tal cual resulta el ejemplo de Diógenes Céspedes), ni nacional, como ilustra precisamente este mismo repugnante miserable mercenario, es responsabilidad de la Iglesia Católica-Vaticano.

 

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